Una cuestión de tiempo

A estas alturas y después de tantos años de una situación social insostenible e incontrolable, no creo que quepa más lugar para la información de la ciudadanía. Me explico, la mayoría de personas con acceso a internet (en 2011, el 62% de los ciudadanos tiene conexión de banda ancha, según el INE) han podido seguir de cerca los acontecimientos sin verse excesivamente contaminados por los medios de desinformación masiva (periódicos, radios y televisiones). Hemos sido testigos de las terribles injusticias que se han cometido en los últimos años y también hemos podido ver, oír y leer diferentes análisis sobre las causas y las consecuencias de la situación que vivimos. Podría decirse que, al menos la mayoría, estamos informados y somos conscientes de la injusticia que campa en nuestra sociedad. No estoy diciendo que no deba seguir informándose a través de cauces independientes, como es “seccionabierta”, pero hay que dar un paso más allá. Toda vez que la gente ha sido expuesta tan a menudo a toda una serie de injusticias cometidas en España durante los últimos años, el riesgo de anestesiar las mentes y llegar a tomar como cotidianas las malas noticias que nos bombardean es enorme.

Muchos de nosotros, la mayoría de hecho, estamos sobreviviendo a la crisis económica con una cierta dignidad –y utilizo esta palabra aquí con conocimiento de causa-. Sin embargo, todos debemos entender que lo que esta sucediendo, no esta sucediendo a los demás, nos esta sucediendo a todos. No lo digo en un sentido alegórico, es cuestión de probabilidades. ¿Cuántos de ustedes han estado últimamente en una manifestación o en una protesta?, seguramente muchos, muchísimos. Ester Quintana, estaba en una de ellas, al igual que usted y que yo, al igual que mi esposa y mi hermano. La tragedia que ella está viviendo, la podríamos estar viviendo usted o yo ahora mismo. Las palizas que los mossos d’esquadra han dado bajo lo que ellos consideraban el anonimato de un cuarto de la comisaria, las podrían haber sufrido su hijo o mi hijo. Y mi intención no es simplemente pedir que nos solidaricemos con ellos, va más allá, es que actuemos  pensando  “esto me paso a mí”. Llega el momento de pensar en que ES mi hijo el que ahora mismo está en el hospital después de una carga policial injustificada y ordenada desde las más altas instancias.

Uno de los mayores efectos que han tenido las políticas neoliberales ha sido marcar a fuego el “sálvese quien pueda” en nuestra piel. Entendemos que lo malo que no nos sucede a nosotros, no debe preocuparnos, o al menos no tanto como lo que sí nos ocurre. Curiosamente, entendemos que el éxito de nuestros similares es algo que si puede llegar a pasarnos a nosotros. Es por ello que somos capaces de poner cierta distancia con los casos de desahucios criminales, abusos policiales impunes y pobreza que tan cruelmente azotan a nuestros vecinos. Obviamente, a cualquiera con sentimientos dichas situaciones le consternan y conciencian, pero raramente siente uno el dolor por la perdida del hogar como algo propio. Es hora de darse cuenta de que los problemas sociales afectan a la sociedad y no a sus individuos aisladamente. Todos nosotros somos objetivos potenciales de la violencia policial, la violencia financiera y la violencia política. Es cuestión de tiempo que nos afecte directamente, a titulo individual. Como sociedad, ya nos ha golpeado en la boca.

David Vizcaya

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