Empowerement, Empoderamiento

Va siendo hora de que hagamos balance de la repercusión que ha tenido la crisis social en nuestro imaginario y en nuestra conciencia social. La sociedad española parece haber madurado, a golpe de malas noticias, miseria y desesperación. No hace tiempo, nuestra conciencia social e idiosincrasia era un rebote de aquella que nos impuso el régimen fascista de Franco, la de una España grande, imparable e indivisible con algunos brotes de inadaptados, separatistas y anti-sistema a erradicar. Sin embargo, las clases medias ya no se escandalizan cuando oyen hablar a nuestros jóvenes (y no tan jóvenes) sobre la violencia policial, la dictadura del dinero y la corrupción institucionalizada.

Hoy en día, la gran mayoría entiende que el sistema político español favorece la corrupción. Las leyes de urbanismo aprobadas por el gobierno de Aznar encaminaron el dinero sucio hacia los bolsillos agradecidos de concejales y alcaldes de toda índole y signo político. Asimismo, todos ven claramente como toda legislación, incluida la constitucional, viene marcada por los avatares corruptos del dinero y quienes lo manejan, que no entienden de esperanza, muerte y desolación. El siguiente ejemplo de esto será el de permitir fumar en los casinos de Sheldon en Alcorcón. Todos saben, sabemos, que la socialdemocracia europea actual, donde la hay, es una farsa.

Estas situaciones nos han conferido un poder si más no, moral. Nos ha legitimado en la reclamación de la reforma total del sistema, la regulación de los cauces financieros de los países y, finalmente, del poder fáctico de las grandes empresas y lobbies que, no lo olvidemos, mantendrán la herida abierta mientras sigan obteniendo beneficios de la sangre que mana. Nos han legitimado porque es el nuestro un sentimiento realmente democrático. ¿A caso no es precisamente ese el sentido de la democracia? ¿Poder pedir cuentas a aquellos que nosotros designamos como gestores de nuestras naciones?

Nosotros, los ciudadanos, como naciones que somos, tenemos la OBLIGACION moral de ejercer el poder. Eso es democracia, la soberanía del pueblo, y cuando los gestores designados, llamados gobernantes, enturbian dicha soberanía con despotismo y partidismo, estamos igualmente obligados a re-encauzarla y a formar parte del proceso de catarsis de valores y de objetivos. Tenemos la legitimidad de ser mayoría los que queremos un mundo más justo, los que queremos salir con orgullo y dignidad de la crisis, y no solo con un empleo precario y gracias. También somos más los que creemos que el sistema político no está dando, ni parece que vaya a dar, soluciones a estos problemas tan críticos. Como no podía ser de otro modo, sí son políticos los culpables del problema desde su mismo epicentro.

Somos mayoría los que entendemos que el medio ambiente y la sociedad son los que deben salir reforzados de esta y de cualquier otra crisis causada por la infamia y prepotencia mercantil. Esta mayoría puede no verse reflejada en los parlamentos españoles a día de hoy, a causa del perverso sistema electoral impuesto en una transición inmodélica, incompleta y que siempre debió ser “transitoria”, pero eso no la deslegitima. Somos Mayoría con mayúsculas, y esa Mayoría debe empoderarse en un nuevo proceso de transición que renueve la democracia desde el principio, asegurando esta vez que la participación popular diseñe el destino de las naciones, sea cual sea.

David Vizcaya

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s