La realidad de la pobreza infantil en España

No podemos, ni el gobierno,  ni la sociedad, desvincularnos de nuestra responsabilidad para con los niños, los abuelos, y las personas con discapacidades que dependen de la familia y del estado.

En 2009, el 23,7% de los niños españoles malvivía bajo el umbral de la pobreza; en 2010 paso a ser del 26,2%, 2.200.000 niños ¡Más de uno de cada cuatro niños vivían en hogares pobres! De 2009 a 2011 el porcentaje de niños en riesgo de pobreza o exclusión social (que además de vivir bajo el umbral de la pobreza, habitaban hogares con baja intensidad de empleo o con privaciones materiales severas), ha pasado del 26.2% al 30,9%[1]. Es decir, en nuestro país uno de cada tres niños está en riesgo de pobreza o exclusión social. España es el tercer país de la Unión Europea (UE27), después de Rumania y Bulgaria, con la mayor cantidad de niños con un nivel de pobreza alta. Y la situación no ha hecho más que empeorar debido a las reducciones en las prestaciones sociales, ayudas, servicios públicos y becas en comedores escolares, así como la brutal disminución de ingresos en las familias, que afecta principalmente a las familias más jóvenes con hijos pequeños[2].

Los hogares con todos sus miembros activos en paro han pasado de 413.300 en el primer trimestre del año 2007 (2,7%) a 1.728.400 hogares en el 1er Trimestre de 2012 (9,1%) (EPA). Es decir, se ha multiplicado por cuatro en cinco años y en casi uno de cada 10 hogares españoles todos los miembros están desempleados. El número de hogares sin ingresos ha pasado de 2,12% en el año 2007 al 3,35% en el 2012, lo que supone 583.700 hogares sin ingresos (INE-EPA). Los niños son quienes están sufriendo las peores consecuencias, siendo ellos  el grupo de edad más pobre, más pobres que los adultos o que los mayores de 65 años. El porcentaje de niños que siempre desayuna más de un vaso de leche o una pieza de fruta ha disminuido en un 10% de 2006 a 2012, situándose en tan solo 62.3%, o lo que es lo mismo, 2 de cada 5 niños no cubren siquiera las necesidades mínimas de nutrientes en el desayuno1.

La reducción de los salarios, la subida de impuestos y el aumento del precio de los alimentos y de los servicios básicos, sumados a la disminución del umbral de la pobreza (el umbral es definido como el 60% de la mediana de ingreso,  las familias con ingresos por debajo de este umbral se consideran en riesgo de pobreza. Para una familia con 2 adultos y 2 niños, el umbral paso de ser de 16758 euros en 2009  a 15768 euros en 2011, datos provisionales del INE estiman el umbral de la pobreza para 2012 en 15445 euros[3]) hace que la pobreza sea más dura ahora que en los años anteriores.

¿Cuáles son las consecuencias de no actuar? La principal consecuencia de que un niño se desarrolle en medio de un clima de  pobreza, sin la adecuada alimentación, educación y actividades de ocio, es la propia salud física y mental del niño[4], la memoria y su rendimiento académico en el futuro[1]. Estos efectos son acumulativos,  por lo que cuanto más tiempo estén los niños en condiciones de pobreza, más severos serán dichos efectos. Es triste darnos cuenta de que después de haber superado el hambre y la malnutrición sufridos a consecuencia de la guerra civil, males que nosotros mismos o nuestros padres sufrieron, tan solo unas pocas décadas después, tengamos a uno de cada tres de nuestros niños viviendo en condiciones de pobreza, y a uno de cada veinte en estado de malnutrición[2].

No se trata de que regresemos al modelo de sociedad antiguo en que se ayudaba a las personas necesitadas por caridad o beneficencia. Lo que se ha establecido como DERECHOS constitucionales, que ratificamos en la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), y de lo que depende la VIDA y el futuro de tantos de ellos, no podemos ahora relegarlo o convertirlo en un negocio, ni por apaciguar mercados, ni por pagar deudas y muchísimo menos por permitir y casi facilitar la corrupción y el saqueo del dinero público.

Inversiones en mejorar la calidad de vida, es decir, una buena alimentación, una educación de calidad, acceso y promoción de la actividad física (deporte, ejercicio), desarrollo de actividades de ocio y acceso a un sistema de sanidad, son inversiones que acarrean un menor gasto cuando este se evalúa a largo plazo, ya que previenen enfermedades –sobre todo enfermedades crónicas como las cardiovasculares, asma[3], problemas cognitivos u obesidad, que luego resultan tan costosas para el sistema sanitario- el alcoholismo, la drogadicción, el suicidio, enfermedades mentales (depresión)3 y permite tratar las enfermedades existentes a tiempo y de manera integral. La inversión en los sectores educativo, social y de sanidad potencia el desarrollo saludable de las personas, sobretodo de los niños, en todos los ámbitos, así como la capacidad de producción y de innovación que tendrán en el futuro.

Que el estado y la sociedad se desentiendan de la protección y el desarrollo de los niños, compromete el desarrollo económico y social en el futuro y traslada los impactos a los años venideros. Con las decisiones políticas que se han tomado para salir de la crisis les estamos dejando como herencia a nuestros hijos no solo una mayor deuda, sino unas peores condiciones individuales y sociales para afrontarla. Por ellos, por los más vulnerables, debemos de revertir la actual situación y concienciar a los que gobiernan, para que cambien las prioridades de inversión y gasto público en nuestra sociedad.

Marcela Rivera.


[1] El presente de los niños y las niñas es el futuro de todos. Propuestas de Save the Children y UNICEF España para el Debate sobre estado de la Nación. 2013. http://www.savethechildren.es/docs/Ficheros/586/Documento_Propuestas_vOK.pdf

[2] LA INFANCIA EN ESPAÑA 2012-2013. Informe de UNICEF España. http://old.unicef.es/infancia-espana/datos/media/descargable.pdf

[3] Instituto Nacional de Estadística. Encuesta de Condiciones de Vida. Año 2012

http://www.ine.es/prensa/np740.pdf

[4] Solantaus T, Leinonen J, Punamaki RL. Children’s mental health in times of economic recession: replication and extension of the family economic stress model in Finland. Dev Psychol. 2004 May;40(3):412-29

[5] Evans GW, Schamberg MA. Childhood poverty, chronic stress, and adult working memory. Proc Natl Acad Sci U S A. 2009 Apr 21;106(16):6545-9.

[6] Datos del Estudio DHOSPE (Desnutrición Hospitalaria Pediátrica Española), aun no publicados. http://www.teinteresa.es/salud/crisis-causa-ninos-malnutricion-pais_0_668335441.html

[7] Seguin L, Nikiema B, Gauvin L, Zunzunegui MV, Xu Q. Duration of poverty and child health in the Quebec Longitudinal Study of Child Development: longitudinal analysis of a birth cohort. Pediatrics. 2007 May;119(5):e1063-70.

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